Guretxabolo, desparrame variado

La vuelta al macizo central de Picos de Europa en Mountain bike

En el Verano del 98 perpetramos una de nuestras, entonces, tarzanadas. La idea consistía en darle la vuelta al macizo central de picos de europa en bicicleta de montaña.

Teníamos la referencia de unos "hardmans" de Durango (Bizkaia) que la habían hecho en 9 horas y en el sentido ó dirección más dura, en el sentido de la agujas del reloj.

Nosotros, conscientes de nuestras posibilidades físicas, en aquel entonces ya bastante justillas, decidimos hacerlo en dirección contraria. Además contábamos con que el principal desnivel a superar, la subida desde Espinama a los pastos de Aliva lo haríamos en teleférico ya que nos habíamos informado de que en el primer viaje de la mañana permiten subir bicicletas.

Tras un mini madrugón nos plantamos en la estación superior del teleférico de Fuente De. El cangelo que me da cada vez que subo al pensar en las rutinas de mantenimiento de la “máquina” me lo guardaré para mi…

Total que arrancamos a pedalear y para la Horcadina de Cobarrobles uno de los miembros del grupo, mejor dicho “una” se amotina y dice que no, que solo va a ser un estorbo y que ni pol forro sigue con nosotros, que como que se vuelve a la civilización y tal. Le explicamos que, que na, una bajadita de ná hasta Espinama y que luego un falso llano hasta ela estación inferior del teleférico…

Lo mejor del tema es que tragó… y casi nos corre a hostias cuando nos volvimos a encontrar.

Total que después de perder un montón de tiempo intentando convencerla de que siguiera con nosotros, por fin nos separamos y nos tiramos cuesta abajo todo lo rápido que el sentido de responsabilidad nos deja.

Al llegar a las invernales del Texu, donde está el cruce para subir a Pandebano y a la vega de Urriello, paramos y alucinamos con lo caliente que esta la botella derecha de mi horquilla Judy, la que tiene el cartucho de aceite.

Trago de agua y tras una cuestita cruce con la carretera de Sotres a Puente Poncebos.
Cuesta abajo por carretera a toda hostia adelantando coches en plan macarra y llegamos a Puente Poncebos con los dedos petados de tanto apretar las manetas de los frenos. Lo que ahora quema de verdad son las llantas de las ruedas.

Con la bici al hombro atacamos el sendero que da acceso a la famosa ruta del Cares. Empezamos a darnos cuenta que hemos elegido un mal dia para este recorrido, es sábado, y el Cares está lleno de turistas haciendo “trekking” ó sendering – apretaculing (por aquello del patio hasta el río y tal).

Llegamos a la parte más alta del senderillo y empezamos a bajar en dirección al comino. La peña que nos ve ó nos cruzamos, flipa…

Después de decir 8484 veces buenos días y de carraspear con fuerza para que se enteren de que llegamos., cruzamos el último puente que es el que da acceso a Cain.

Que sobrada de montaje en esta aldea perdida, y que mogollón de gente y de coches.

Cometemos el error de pararnos a comer un bocadillo. Ese es el momento en que la agonía se mete en nuestras mochilas y que nos acompañará el resto del viaje.

El elemento con más sobrepeso del grupo, también conocido como “Estroquer” empiez a acusar la fatiga y se nos queda en coma en la mesa del bar. Lo espabilamos c omo podemos y le damos a los pedales en dirección a Cordiñanes.

Joder que cuesta y con la caló apretando. Estroquer se nos va quedando cada vez más atrás…

Cada vez que paramos para esperarle, tarda más en llegar de manera que nos vamos quedando con las piernas de madera y cada vez cuesta más arrancar.

En Posada de Valdeón empezamos a cagarnos en su puta madre entre dientes, para Santa Marina ya lo hacemos en voz alta, total como va dos kilómetros más atrás ni se entera…

En este pueblo paramos para meternos un par de coca colas al cuerpo y asi atacar el puerto de pandetrabe con un poco más de alegría.

En el bareto hay una famili de Americanos que se nos enrollan y alucinan en pepinillos con la Tarzanada.

El puerto es bastante tendido y cómodo, pero vamos tan jodidos que lo subimos con el plato pequeño y el 32 atrás a paso de caracol. Estroquer consigue quedarse atrás una vez más… no le esperamos hasta llegar a la cima del puerto.

Para ese momento ya son las 8 de la tarde ¿ó eran las 9? No sé, la cuestión es que tenemos un atardecer de lo más bonito y Estroquer que no aparece… cuando aparece, dice que le dejemos morir, que pasemos de enterrarle, que no sigue por pista, que se va por carretera.

No es consciente de que volver hasta potes supone subir y bajar dos puertos de los de verdad.

Le damos un par de toñejas para que espabile y con las piernas como postes le damos a la pista que nos llevara hasta un collado ( que ahora no me acuerdo de cómo se llama) en el que nos tiraremos pista abajo hasta Fuente De.

Por suerte, aunque no completamente llana la pista medio llanea hasta el collado.

En el collado, ya casi de noche, esperamos otra vez, ya más por preocupación que por respeto, a que Estroquer aparezca.

Cuando por fin aparece, ni le hablamos, simplemente nos tiramos pista pá abajo. Como presuntamente soy el más técnico de los tres y mi horquilla es la que más recorrido tiene, me toca abrir huella y los demás a chupar rueda a una distancia respetuosa para que si me hostio no me pisen y a la vez seguir las trazadas de mi culo en las curvas.

Los últimos 500 metros de la pista, llegando a Fuente De, justo en la zona donde esta el acceso al camping los hacemos ya casi de noche cerrada tirando el culo pa atrás y bajando el centro de gravedad todo lo que podemos por que no se ve nada, solo un matiz menos oscuro al final del túnel de árboles.

Cuando por fin pisamos el asfalto sentimos que lo duro se acaba (Ilusos, todavía nos queda llegar hasta Potes).

La bajada promete. Vamos tan pasados de vueltas y estamos tan fundidos que pese a ser una cuesta importante, pedaleamos a plato para ir más rápido.

El ángel de la guarda de vez en cuando se preocupa de los pringaos como nosotros y en esta ocasión hace que el miembro amotinado que con gran inteligencia (ya se sabe, las mujeres son mucho más listas…) decidió retirarse a tiempo, decidiera coger el coche para ver si nos encontraba.

Justo a la salida de Cosgaya cuando ya apenas veíamos la raya blanca de la carretera sonó la música celestial que es el motor turbo-diesel del por aquel entonces mi coche.

La verdad es que nos cruzamos y tuvimos que parar y volver para atrás por que de los fundidos que estábamos nos pasamos de largo.

Como estas cosas tienen que acabar bien, después de una ducha rápida pillamos cacho en Casa Cayo , El, a mi entender, mejor restaurante de Potes.

Para la segunda botella de vino, Estroquer nos contaba como nos había marcado el ritmo y todo lo que nos había tenido que esperar en las subidas… y es que hay cosas que se olvidan pronto.